Entre los fundadores de la escuela Waldorf La Marina se encuentran Hilde Koch y Dieter Bialon. Cuando se dieron cuenta de que la enseñanza en la escuela pública donde asistía su hijo Marco se basaba en mostrar vídeos aportados desde casa, se dijeron así mismos: "aquí hay algo que falla".
Junto con un par de otros padres tomaron las riendas en sus propias manos en el Año 2000. Un par de cabañas localizadas entre los pueblos de La Nucía y Altea fueron declaradas como escuela. Una de las madres, una maestra holandesa llamada Jeanne, que hoy día es una de las maestras en la escuela La Marina, se ocupó de dar las clases.
Conocían a Pedro Montserrín, actual maestro de la escuela, que en aquel entonces llevaba el Jardin de infancia de Villafranqueza. El estuvo encantado de la ideología de estos padres y les convenció de la pedagogía y métodos Waldorf.
"Pero el comienzo fue caótico, empezó a entrar la lluvia en las cabañas", recuerda Hilde Koch, que durante mucho tiempo estuvo trabajando para el ballet nacional en Madrid. Marco (15) cuenta como una gallina le dio un picotazo en el pie en mitad de la clase. "Tuvimos una real sensación de Robinson- Crusoe"comenta Dieter Bialon de Frankfurt, "los niños se encontraban de maravilla. Pero muchos padres nos dieron las espaldas a poco tiempo de estar con nosotros, después de ver nuestras barracas.
Por supuesto que no podíamos quedarnos allí ,nuestra intención fue la de montar un colegio , no un parque de aventuras. En el año 2002 Hilde y Dieter tomaron entonces la decisión sobre algo, que hoy día todavía les parece increíble , cambiaron el uso de su casa convirtiéndolo en un colegio. "Yo tampoco me acuerdo exactamente como acabamos tomando esa decisión, pero ¿cómo sino íbamos a seguir con nuestro proyecto?
La familia se mudó a un piso en Altea, su casa se convirtió en escuela que muy pronto empezó a florecer. Dieter , que se dedica a la osteopatía y lleva un centro de medicina alternativa, se acuerda muy bien : "en cuestión de poco tiempo el número de alumnos subió a 40, el interés por escuelas alternativas es muy grande".
Cuando la finca de Hilde y Dieter se quedó pequeña, el colegio volvió a mudarse. Esta vez a las afueras de Benidorm, a un viejo centro escolar abandonado, que primeramente tuvo que ser saneado a fondo. Todo un verano se trabajó de día y de noche para que al comienzo del año escolar 2006/2007 los alumnos pudieran entrar en sus nuevas aulas.